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Mensaje por Giotto Vongola el Lun Oct 24, 2011 11:47 am

La luz del sol comenzaba a salir por el horizonte amenazando con un nuevo día. Siendo otoño los días se hacían más cortos debido a la estación, pero aún así había días en los que el sol se veía esplendoroso. Los días frescos con sol eran agradables, al menos para el italiano, el cual se levantó de buen humor. Esa misma mañana tenía una reunión con uno de sus muchos informadores y después de aquello y de hacer un par de informes se pasaría por la oficina de Alaude. Tendría que ofrecerle esa información a cambio de alguna exclusiva para el periódico... Llevaba unos días que su jefe le estaba agobiando un poco, porque los artículos que llevaba no tenían apenas chispa. Eran sencillos, aunque válidos obviamente, pero no eran lo que solía tener, así que ese día... ese día era un buen día, lo sabía, lo notaba,...

Se levantó temprano y se duchó, se vistió con su camisa blanca de cuello algo grande, su corbata negra y el traje oscuro. Desayunó un café y nada más y salió rápido sin olvidar su maletín, su bloc de notas y su gabardina larga y oscura. Cerró la puerta con llave y bajó las escaleras un poco rápido para llegar abajo a la calle. Ahí en la calle llamó a un taxi, aún no había suficiente luz y las farolas estaban todavía encendidas. Suspiró y miró al taxista con suavidad, indicó la calle. Era un lugar normal, puesto que solo iba a recibir un portafolios y no se vería nada sospechoso.

El coche arrancó con rapidez y Giotto fue llevado a la dirección sin problemas. Al bajar, pagó al taxista y se dirigió al lugar en el que justo había quedado. Allí vio a su informador y le saludó con el sobrenombre que le había dado. Sabía que era falso ya que "sr. Green" no sonaba muy cierto. Se sentó en la mesita de aquella cafetería donde habían quedado y ahí el rubio pidió otro café. Sin nada más, la verdad es que tenía el estómago encogido de los nervios. Mientras esperaban, su amigo "Green" le facilitó un portafolio, el rubio lo tomó y lo abrió. Lo hojeó un instante y sonrió satisfecho. Fue en ese momento en el que el camarero apareció con los dos cafés.

- Gracias. -Dijo con calma para pasarle un sobre. Le sonrió y el señor Green tomó su pago. Metió aquel sobre en su gabardina que era más clara y se bebió el café de un solo trago. Estaba claro que tenía prisa. Giotto no iba a decirle nada sobre prisas, suficiente era con lo que le había dado. Información confidencial sobre el lugar donde guardaban un enorme alijo de heroína, el nombre del tipo que quería comenzar a venderla, extrañamente no era alguien conocido para el rubio... es más, no era ni chino, ni japonés, ni italiano... ¿quizás quería instaurarse una mafia nueva? O simplemente, era alguien que pasaba por aquí... debía leer el informe con atención antes de sacar conjeturas. Se despidió de Green y este salió por la puerta tan tranquilo. Giotto terminó el café y salió del bar, pidió un taxi y se alejó... ahora debía ir a ver a Alaude, quizás podrían intercambiar información.

Así bien tomó aquel taxi y de nuevo volvió a la zona más céntrica de ésta para ir a ver al rubio policía. La verdad que siempre que iba se emocionaba un poco, puesto que le gustaba bastante ver a Alaude y hablar con él. Quizás porque le agradaba aquel chico y bastante. Desde el primer día que le vio había llamado su atención, pero Giotto sabía que él jamás se fijaría en otro hombre, puesto que sabía que tenía un hijo y eso significaba que tenía que atender más a su hijo que a su pareja... además no estaba cien por cien seguro de que le gustasen los hombres. A veces era tan complicado hablar con él. Suspiró y le dijo al taxista que parase, iría caminando el resto del trayecto. Pagó y salió de ahí con su portafolios y abrigándose bien pues se había levantado el viento.

Era temprano aún, no serían ni las nueve de la mañana. Caminó por la acera esquivando a personas que iban a trabajar con prisas, como siempre. Alzó su rostro y divisó en el otro lado de la calle la puerta de la comisaría del rubio. Bien... esperaba que estuviese. Cruzó corriendo a ese lugar y abrió la puerta para entrar. Saludó a dos policías que salían para hacer su ronda matutina y caminó hacia la recepción preguntando por él. Le informaron que si estaba en su mesa y preguntaron quien era, les dijo su nombre, ya le conocían, pero siempre tenía que decirlo y tras aquello le dejaron pasar. Caminó por el pasillo hasta la zona donde sabía que estaba Alaude y se detuvo antes de entrar en el departamento de narcóticos. La puerta estaba abierta.

Se asomó y a lo lejos vio aquella mesa donde Alaude estaba comiendo donuts, como siempre. Ah, esos donuts tan ricos que siempre compraba el rubio. En ese instante Giotto sintió hambre, bastante hambre y despacio se encaminó saludando con la cabeza a algún otro compañero que ya conocía de haber estado por ahí informando o haciendo entrevistas. Llegó a la mesa de Alaude y justo cuando éste iba a morder uno de esos deliciosos bollitos se lo quitó de las manos para llevárselo él a la boca.

- Buenos días. -Le sonrió mientras masticaba aquel mordisco de ese bollo redondeado para tragarlo con ganas. Le miró con una suave y cálida sonrisa en sus labios manchándose un poco con la crema de café de ese donut. Se relamió ligeramente y se apoyó despacito en el borde de su mesa para observar al contrario. De seguro odiaba que le hiciese eso, pero era algo que Giotto no podía evitar hacer... los donuts de Alaude estaban deliciosos y más si él los había elegido y tocado.
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Giotto Vongola
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